- Espacios [in]Seguros

Instalación Performática de Santiago Cao, llevada a cabo junto a Rayr Dos Santos Silva (apoyo de tecnología de la informática) y Luis Cavalcanti (albañil)
Acción presentada en el marco del “SPA das Artes”.
Casa de la Cultura, Recife, Brasil.
15, 16 y 17 de septiembre de 2010.
Registros fotográficos por Zmário Peixoto, Enaile Lima Juan Montelpare y Santiago Cao.
Agradecimientos a Paulo Mello por su gran ayuda al financiar este proyecto.

Duración: 3 días.

(Para ver los registros fotográficos de esta Performance, hacer click sobre la foto)


Registro Narrativo:

Por versão em português, siga o link:  http://santiagocao.metzonimia.com/espacios-pt

Ante la inseguridad manifiesta por los medios masivos de comunicación, la sociedad responde aislando y encerrando lo “amenazante” en cárceles y manicomios, al tiempo que se distancia construyendo espacios cerrados y exclusivos donde solo unos pocos pueden entrar. La jaula de cemento y la jaula de oro. Dos variantes del encierro, dos caras de una misma moneda.

Cada vez más, las personas estamos perdiendo las relaciones inter-personales. La situación es preocupante. Nos estamos distanciando y el “otro” es un desconocido con quien mejor no entrar en “contacto”.

De igual manera las tele-comunicaciones han desplazado la comunicación personal. Teléfono, mensajes de texto, correos electrónicos. Cada vez menos personas hablan “cara a cara”. Lo corporal es desplazado por lo virtual. Un muro invisible nos separa.

En “Espacios [in]Seguros” ese muro se torna visible y la metáfora resulta un encierro.

Dentro de la “Casa de la Cultura” de Recife, antigua cárcel convertida en centro comercial para turistas, Cavalcanti en su rol de albañil construyó con ladrillos y cemento cuatro paredes, encerrándome en un espacio de 1,30 x 1,80 mts. Permanecí dentro de ese espacio reducido por el lapso de tres días.

Sin ventanas ni puertas, la única comunicación posible fue a través de una computadora conectada las 24 horas a Internet. Tres días transmitiendo en directo mediante  un Streaming[1], utilizando una cámara web y relacionándome con las personas por medio de un chat. Tres días interactuando virtualmente hasta ser liberado, paradójicamente, por la misma persona que me encerró; por ese “otro” del cual me distanciaba.

Por fuera, en uno de los lados de la construcción, estaba instalada una segunda computadora configurada para conectarse únicamente al Streaming. De esta manera las personas que por allí pasaban podían elegir ver el “Espacio [in]Seguro” desde fuera o sentarse frente a la computadora y, por medio de la transmisión, ver el interior e interactuar conmigo a través de un chat.

Durante el encierro opté por no ingerir ningún alimento sólido, bebiendo únicamente agua de coco y agua mineral pudiendo así, desde el ayuno, desintoxicar mi cuerpo y vivenciar, en tanto obra procesual, una transformación física.

Durante los tres días no utilicé la palabra hablada, comunicándome únicamente por ese chat. La mayoría de la gran cantidad de personas que por allí interactuaron conmigo, solo querían saber el por qué estaba haciendo eso. Preguntaban también cuestiones relacionadas a las necesidades básicas como ser la alimentación y donde iría a orinar o defecar. Fueron realmente pocas las personas que se quedaron a conversar, entre ellas y conmigo, en relación a la temática propuesta de las comunicaciones virtuales y el distanciamiento de los cuerpos. Pero lo notable fue la gran diferencia que se produjo entre quienes interactuaban desde el computador ubicado al lado del “Espacio [in]Seguro” y quienes lo hacían a la distancia, es decir, desde otras ciudades o países. Mientras que estos últimos aguardaban con paciencia el ser respondidos dada la gran cantidad de personas preguntando y mi incapacidad de responderles a todos al mismo tiempo, los primeros, es decir, los que se encontraban de cuerpo presente en el mismo lugar de la instalación, en su mayoría reclamaban ser contestados argumentando en algunos casos “respondé, hemos venido hasta aquí para verte y nos ignorás”. Incluso sucedió que algunas veces, cuando ya no podía con el cansancio y la fatiga que producía el estar frente al computador durante tantas horas manteniendo múltiples conversaciones simultáneas, y quería recostarme en el suelo a descansar un poco, algunas de estas personas comenzaban a golpear violentamente los muros y sucedió que una de ellas escribió en el chat “¡Levantate vago, hemos venido hasta aquí para verte y estás acostado!”. En esos momentos, no tenía otra opción que reincorporarme y volver a sentarme frente al computador para responder sus preguntas. Pareciera ser que tras esa pantalla de computadora, quien era observado no fuera una persona sino un programa de entretenimientos.

Fueron precisamente los momentos más tensos y agotadores de la experiencia los que correspondían al horario de apertura de la Casa de la Cultura. De tal manera, como si fuese un trabajo, de 9 a 19 hs mi vida se tornaba un espectáculo, a veces sádico, en el cual debía cumplir con las exigencias de los visitantes, mientras que luego del cierre y por las noches, el nivel de comunicación se tornaba agradable, y junto con esos Otros las distancias físicas parecían atravesarse, compartiéndose la soledad de tantos encierros.

Momentos previos a la liberación, cambié la cámara que estaba en el ángulo de la construcción por la que está en mi computadora. La primera tenía un campo de visión mejor… permitía captar el espacio desde un ángulo más amplio y mostraba una vista superior de mi persona, en “picado”, que daba la sensación de ser una persona vigilada, de la cual solo se veía su cabeza. Una imagen cuasi anónima… un rostro casi borroso.

Pero para la liberación la cámara de la computadora (que captaba un plano frontal de la pared) permitía no solo ver “de cerca” el instante en que el albañil rompiera con cincel y martillo los ladrillos abriendo un boquete por donde liberarme, sino que luego, por ese mismo boquete, transmitiría en directo el afuera… para los que desde fuera vieran por medio de su monitor ese “adentro”.

Un amigo, presente físicamente en ese momento, me contaría luego que le llamó la atención el darse cuenta que muchas de las personas allí reunidas, optaron por seguir todo el proceso de liberación observándolo desde el computador ubicado al lado del muro en vez de ver al albañil de cuerpo presente romper con cincel y martillo los ladrillos. Sólo al aparecer mi cuerpo en el exterior, dejaron de prestar atención a la transmisión.

Ya liberado, la cámara siguió transmitiendo durante un día más, de manera tal que cuando algún curioso o curiosa se asomaba por el boquete, era a su vez retransmitido por la cámara web y visto, entre otros monitores, por el que estaba conectado a la segunda computadora, a tan solo medio metro de distancia de la construcción. De esta manera mientras las personas asomaban la cabeza e ingresaban parcialmente al “Espacio [in]Seguro”, se iban “virtualizando”, creándose la paradoja de un tercer lugar o espacio. El actual (la persona y la construcción de ladrillos y cemento), el virtual (la transmisión vía cámara web) y el cruce de ambas, donde simultáneamente el espectador o espectadora presente en el lugar podía ver “un cuerpo sin cabeza” y “una cabeza sin cuerpo” según se la observara de cuerpo presente o a través del monitor.

Al día siguiente de haber sido liberado, cuando fui a iniciar el desmontaje me encontré con dos niñas pequeñas que, jugando con la instalación, me permitieron comprender una cuestión que no había siquiera imaginado. La temporalidad y sus posibles desdoblamientos. Su juego consistía en asomarse por el hueco en la pared y bailar frente a la cámara para luego correr hacia la segunda computadora distante 2 metros de ellas y, producto del delay, verse a sí mismas, en tanto otras, asomar la cabeza dentro del hueco, bailar y luego desparecer de la pantalla. En un solo acto, eran motores de acción y espectadoras de sí mismas. “Ellas” y “otras” al mismo tiempo. El retardo de la transmisión creaba así una paradoja témporo-espacial. Ellas, que 5 segundos antes estaban saltando frente a la cámara en un tiempo y espacio presente, ahora se encontraban duplicadas en un tiempo y espacio virtual. Y prefiero designar con el nombre de “virtual” y no de “representado”, ya que en el caso de la imagen transmitida -en tanto no era una reproducción grabada previamente, re-presentada, sino una transmisión “en vivo y en directo”- era el retardo el que permitía la coexistencia, en un mismo tiempo presente, de esos dos tiempos y espacios. Y si lo que caracteriza y diferencia a lo presente-actual de lo representado-actualizado es justamente su carácter de transitoriedad, de efímero, entonces estaba frente a un tercer tiempo y espacio: el virtual.



[1] Un Streaming es un flujo de datos en tiempo real. Es decir que quien transmita vía Internet podrá hacerlo “en vivo” y para un gran número de espectadores quienes a su vez verán dicha transmisión sin ser vistos. Es decir, la transmisión de imagen y audio se da de manera unidireccional, similar a la tradicional TV, con la innovación y agregado de un chat que permite a dichos espectadores interactuar (tanto entre ellos como con quien transmite) por medio de comentarios escritos en el mismo.