- Si Yo Soy Vos, ¿Vos Quien Soy?

Performance-ritual psicomágico de carácter duracional accionada por Santiago Cao.
Del 16 de enero al 11 de marzo de 2010.
Acción itinerante: Buenos Aires, Argentina- Montañita, Ecuador- Quito, Ecuador- Montañita, Ecuador.
Registros fotográficos por Pedro Cagigal.
Agradecimientos a Valeria Andrade y Pedro Cagigal.
(Para ver los registros fotográficos de esta Performance, hacer click sobre la foto)

Registro Narrativo:


Esta acción se propone como un paso entre dos ciclos. Un Rito de Pasaje. Porque creo en los ciclos de 7 años. 7, 14, 21, 28 y ahora, 35. 35 años cumplidos hace poco. Porque 7 años atrás también viví un rito de paso. Un viaje iniciático que duró casi 2 años. Porque 7 años después vuelvo a vivir un nuevo pasaje.

Podría decir que esta acción tuvo su origen en Buenos Aires cuando antes de partir, hube de pedir a mis padres que me “donen” algunos trozos de uñas cortadas de sus pies y manos, un poco de su vello púbico y algunos mechones de pelo, guardando todo en dos bolsas de tela roja para evitar que se mezclen los contenidos. Para diferenciar cada bolsa, a mi madre le di una cinta roja para que ate la tela, en representación de la sangre menstrual y a mi padre una cinta blanca en representación del semen.

Mi padre vive en una ciudad distante varias horas de Buenos Aires. Con mi madre hacía casi un año que habíamos suspendido el diálogo.

Viajé por tierra hasta Ecuador llevando conmigo las dos bolsas, más una tercera que contiene un poco de tierra de Buenos Aires; el lugar donde hace 35 años nací físicamente. Así mismo también traje conmigo unas piedras que me han extraído de la vesícula en una operación practicada el año pasado.

Llegando a Ecuador pasé por Montañita, un pueblo a orillas del mar en donde recogí un poco de arena de la playa guardándola así mismo en una cuarta bolsa de tela. Elegí este lugar por la importancia que ha tenido en mi vida en los últimos 7 años.

Ya en Quito, di inicio a una nueva etapa de la acción en la galería “Arte Actual” de la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales)

Allí, coloque una tela blanca rectangular en el suelo y comencé a desnudarme mientras una persona a elección iba leyendo un texto introductorio que explicaba el simbolismo de los elementos puestos en juego. Ya libre de mis ropas, coloqué sobre la tela las bolsas con las donaciones de mis padres. Una en cada extremo, y en el medio las piedras que me habían sacado de la vesícula.

Me corté las uñas de mis pies y manos depositándolas así mismo en el centro de la tela. Luego rasuré mis testículos, mi pubis y mis axilas ofrendando en la tela los vellos (el resto de mis vellos corporales los había afeitado ese mismo día, horas antes de presentarme en la galería). Finalizado esto, corté un mechón de mi cabello y depositándolo también en el centro ofrecí la tijera uno a uno entre los presentes invitándolos a repetir la acción, depositando cada mechón en la tela junto con el resto de mis donaciones.

Luego ingresó un peluquero al que ese día había contratado para que realice su labor allí mismo, rasurando con navaja, primero mi rostro y luego mi cabeza para finalmente afeitar mis cejas.

Ya libre de pelos, recogí la tela blanca para que el contenido se mezcle, depositando el mismo en un tarro de metal. Agregando alcohol, prendí fuego para carbonizar las donaciones, guardando luego dichas cenizas en una nueva tela color rojo que a modo de bolsa me permitió transportarlas hasta Montañita en donde finalmente las enterré.

Las uñas y cabellos en este caso representan simbólicamente aquello “muerto” que llevamos en nuestro cuerpo.

Al mantener las donaciones de mis padres en bolsas separadas y luego depositar cada contenido en un extremo de la tela, de manera metafórica hago alusión a la separación que mantienen entre ellos desde hace 16 años. Pero como acto ritual psicomágico, deposito así mismo en la tela, justo entre ellos, mis propias partes muertas, aquello que quiero dejar atrás, representado en mis cabellos y uñas.  

Rasuro mis cabellos y vello púbico como queriendo volver al estado del nacimiento, momento en el cual mi cuerpo estaba libre de ellos. Al unir la tela y mezclar el contenido estoy haciendo que entre otras cosas se unan simbólicamente mis padres, y sus vellos púbicos se rocen de igual manera que se rozaron sus pubis al procrearme. Justo en ese instante donde además de ellos dos, estuve yo como un protoembrión, de igual manera nos volvemos a juntar los tres en la tela al ser esta recogida.

Al rasurarme las cejas dejo atrás un rasgo característico del ser humano, como queriendo simbólicamente despojarme hasta lo último de mi humanidad, como si de esta manera pudiera no solo regresar al punto en que fui concebido, sino ir mas atrás, al estadío en que ni siquiera existía, para desde allí, con amor, dar muerte a aquello de mi ser que ya no deseo que viva conmigo. Muerte concebida en el sentido de transformación, al igual que el mito del Ave Fénix quien cada 500 años se consumía por acción del fuego para renacer de sus propias cenizas. Cenizas que a su vez enterré varios días después en Montañita plantando en el lugar un cactus San Pedro para que vele por las mismas y simbólicamente, de lo muerto crezca la vida.